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HISTORIA DE LARRABETZU
Calle de Larrabetzu
Calle de Larrabetzu
El término municipal de Larrabetzu ocupa todo el valle del río Aretxabalgana, rodeado por las cumbres de Gaztelumendi, Atxispe, Bizkargi y Aretxabalagana, que lo separan de los municipios colindantes. Las amplias superficies llanas o de escasa inclinación del valle favorecen las labores agrícolas, por lo que la ocupación fundamental de su población a lo largo de la historia ha sido la actividad agropecuaria.

La villa fue creada en 1376 por privilegio del infante de Juan, Señor de Bizkaia. Su fundación se debió fundamentalmente a la necesidad de asentar la población del entorno en un lugar seguro, rodeado por una muralla y protegido de los continuos enfrentamientos banderizos de la época. La estructura urbana de aquella villa medieval es perfectamente reconocible hoy en día: una ciudad-camino en la que las viviendas se alineaban a lo largo de una calle, que era en realidad el camino que la cruzaba. El casco histórico de Larrabetzu, en torno a la calle Andra Mari, fue declarado en 1994 Bien Cultural otorgándole la categoría de Conjunto Monumental.

En el centro de la Villa están situados la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, y los Palacios Icaza y Angulería, este último verdaderamente singular. Una constante en la historia de Larrabetzu será su importancia como lugar de paso de rutas importantes dentro del Señorío, en el camino que llevaba de Bilbao a Gernika. Este camino, utilizado como vía de llegada a la costa por los romanos, fue luego aprovechado como ruta de penetración del Cristianismo, como nos indica la temprana fundación de la Iglesia de Goikolexea. Más tarde esta vía se transformaría en una parte del Camino de Santiago que cruzaba Bizkaia. El Camino debió jugar un papel decisivo en el desarrollo de Larrabetzu, ya que actuó como dinamizador económico y receptor de los gustos culturales que llegaban de Francia.

En el s.XV Larrabetzu adquiere una nueva relevancia como parada obligatoria de la Ruta Juradera, itinerario que seguían los antiguos Señores de Bizkaia, a quienes se exigía que jurasen respetar y acatar los fueros del territorio como premisa para recibir el reconocimiento a su autoridad. A esta época dorada de la historia de Larrabetzu pertenece el importante conjunto arquitectónico existente en torno a la Iglesia Juradera de San Emeterio y Celedonio.

Si el visitante desea conocer los escenarios de nuestra historia contemporánea debe visitar Gaztelumendi. En esta cumbre, que formaba parte del histórico Cinturón de Hierro construido para la defensa de Bilbao en el transcurso de la Guerra Civil, tuvo lugar una de las más decisivas batallas de la contienda y aún se conservan en el entorno numerosos restos de la época.
Iglesia de San Emeterio y San Celedonio
Iglesia de San Emeterio y San Celedonio

Patrimonio Monumental

La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción está totalmente integrada en el casco urbano de la Villa, por ello su vista queda un tanto oculta por los edificios que la rodean. El exterior da una gran impresión de solidez, por la pureza de líneas de su fachada y los escasos vanos.

El templo fue reconstruido por el arquitecto Ventura Rodríguez entre los años 1777 y 1784, reemplazando a la anterior iglesia del s. XV, de la cual nos han quedado pocas referencias. Constituye una de las más importantes aportaciones para entender el periodo de transición entre el barroco y el neoclásico temprano en el País Vasco.

En su interior se guarda un cuadro de calidad artística excepcional, se trata de “El martirio de Santa Lucía” (1784) cuadro de Luis Paret y Alcázar, uno de los mejores pintores españoles del s. XVIII. El cuadro fue escondido cuando los franceses penetraron en Larrabetzu en 1812, salvándolo así del expolio.

PALACIOS DE LARRABETZU

En la actualidad quedan escasos restos de las casas-torre que erigieron en Larrabetzu los importantes linajes de la zona. Varios palacios, construidos durante los siglos XVII y XVIII, se conservan sin embargo como testigos de la época dorada de los notables locales.

Palacio Angulería: En 1629 el linaje de los Leguina construye un curioso palacio junto al camino real, al lado de los “errebales”. El edificio posee características muy singulares, destacando dentro de la arquitectura residencial de la comarca por su mezcla de influencias entre el modelo rural y las residencias palaciegas. Recientemente ha sido restaurado en su totalidad para su uso como Casa de Cultura.

La señorial fachada se asienta sobre un porche sobrevolado sostenido por columnas toscanas de arenisca. Su frente está pintado al temple, simulando una obra de ladrillo (cosa curiosa pues cubre precisamente este material), con una cruz central flanqueada por rostros humanos. El curioso nombre del palacio procede probablemente de las angulas que procedentes del cercano río penetraban en los numerosos canales existentes en el jardín de la finca. Otras leyendas e historias rodean a este edificio, como las que cuentan que el alcantarillado existente delante de la fachada fue utilizado como escondite tanto por el célebre bandido Patacón como por las tropas carlistas, mientras los liberales buscaban inútilmente por el monte y el pueblo.

Palacio de Icaza: Situado en el lado oeste de la plaza, sustituye probablemente a una casa señorial más antigua. Está dividido en planta baja y dos pisos. En el primero tres grandes ventanas se abren a un balcón corrido adornado con elegante ferrería. El segundo piso está adornado con pinturas murales de estilo rococó en toda su superficie, que representan escenas de campo y montería.

ENTORNO RURAL

Fuera de las murallas de la Villa se encuentra una parte muy notable del patrimonio de Larrabetzu, como su espléndido conjunto de caseríos de verdadero valor artístico. Predomina entre ellos el caserío con soportal en arco de piedra, prácticamente desconocido en el resto de la comarca y similar a los del Duranguesado.

En Larrabetzu podemos admirar además algunas viviendas rurales singulares, que no se ajustan al modelo general de caserío como la Casa Mayor de Beresonaga, Aspuru, con una galería descubierta o Pikene, con un gran dintel de piedra.

La abundancia de agua y madera de los cercanos bosques favorecieron en el Antiguo Régimen la instalación de ferrerías y molinos en la cuenca del Aretxabalgana. En Larrabetzu llegaron a existir hasta ocho molinos y tres ferrerías, de los que se conservan hoy en día varios edificios e instalaciones.

Los senderistas interesados en nuestra reciente historia tienen una cita imprescindible con el histórico monte Gaztelumendi (324 m). Esta cima fue el escenario de una de las batallas decisivas de la Guerra Civil, de la que queda como testigo una gran cruz que recuerda a los fallecidos en la misma. Entre los pinares que ocupan estos terrenos podemos encontrar sin dificultad numerosas construcciones de hormigón, restos de las instalaciones del antiguo Cinturón de Hierro construido en la Guerra Civil. Aún hoy día podemos distinguir los nidos de ametralladoras y las posiciones de los cañones.

Cerca de Gaztelumendi se encuentra la ermita de San Salvador de Zarandoa, datada entre los siglos X y XI que conserva en el muro de la cabecera una curiosa ventana monolítica. Este ejemplar es uno de los restos más antiguos de la arquitectura cristiana vizcaína y una de las pocas muestras existentes de las formas artísticas populares del s XI, lejanamente emparentadas con el estilo mozárabe.

No te pierdas….CONJUNTO DE GOIKOLEXEA

El núcleo rural de Goikolexea, enclavado en una estrecha vega que riega el río Aretxabalgana, destaca por la belleza de su paisaje y por el importante conjunto arquitectónico existente en torno a la Iglesia Juradera de San Emeterio y Celedonio.

Este lugar ha sido el centro de la vida comunitaria de los labradores dispersos de Larrabetzu, jurídicamente diferenciados de sus vecinos de la villa. La Anteiglesia conserva hoy en día el ambiente de comunidad rural creada en torno al templo, en una asociación de diversos elementos que se han ido adicionando a lo largo de los siglos: Iglesia, mesa de la Anteiglesia, cementerio, casa cural, palacio, tabernas, caseríos, crucero y escuelas.

Por otra parte la Iglesia está históricamente ligada al Camino de Santiago y constituía una de las paradas obligatorias de la Ruta Juradera: un periplo ritual al que se sometían los reyes castellanos de la Baja Edad Media para ser reconocidos como legítimos Señores de Bizkaia. La iglesia de Goikolexea era el segundo lugar donde el Señor de Bizkaia hacía su juramento, después del de Bilbao y en el alto de Aretxabalaga los vizcaínos recibían y saludaban al nuevo Señor en el acto del besamanos. Constituye uno de los templos medievales más antiguos, conocidos y divulgados de Bizkaia. IGLESIA JURADERA DE SAN EMETERIO Y SAN CELEDONIO. El primer santuario que se les dedicó a los mártires Emeterio y Celedonio en este lugar debió construirse en época románica, como indican algunas lápidas del s. XII halladas en el pavimento del pórtico. El templo actual es gótico, edificado hacia el año 1500. Es una iglesia sencilla, con una nave rectangular y tres tramos desiguales. La entrada a los pies del templo es de estilo barroco (hacia 1735).

Desde la distancia es fácil distinguir el sólido volumen prismático de la torre de Goikolexea, que se adosó a la nave en el s. XVII, confiriéndole un cierto aire de fortaleza. El templo está rodeado por un magnífico pórtico, con armadura de vigas de roble, y mantiene parte del pavimento original.

El Retablo hispanoflamenco (s. XVI) de Goikolexea es uno de los más monumentales de Bizkaia. Se trata de una bellísima obra de filigrana escultórica, labrada en madera policromada y sobredorada, sobre el que se desarrollan diversas escenas bíblicas y el ciclo del martirio de los santos. En el banco inferior puede contemplarse una soberbia galería de retratos de los Apóstoles acompañando al Salvador resucitado.

Con motivo de la restauración de la iglesia fueron descubiertos fortuitamente varios fragmentos de pinturas murales pertenecientes al gótico tardío. Estas pinturas son de suma importancia, tanto por ser las primeras que aparecen en Bizkaia, como por su temática insólita en este lado de los Pirineos. Representan los pecados capitales en forma de figuras humanas, cabalgando animales simbólicos y dirigiéndose a la boca de Leviatán, empujados por los demonios. Al final del ciclo pictórico se encuentra San Cristóbal, portador de Cristo, que nos sugiere una garantía de salvación frente a la condenación eterna narrada por el atemorizante relato.

Este tipo de iconografía alcanzó una amplia difusión en la época medieval en las pequeñas iglesias rurales como la de Goikolexea y tendría el cometido de ofrecer a los fieles iletrados una catequesis elemental a su alcance. El amplio tamaño de las figuras (el San Cristobal mide 3,5 m) colaboraría sin duda a causar un gran impacto sobre el espectador.

En el entorno de la Iglesia se reúnen otros elementos patrimoniales de gran interés como la Casa Cural, edificio popular en estilo neoclásico, el Palacio Iruretagoiena de similar época y un soberbio Crucero manierista de 1574.

Para finalizar nuestra visita nos espera una pequeña sorpresa. Ya de vuelta al casco urbano de Larrabetzu, desviándonos unos metros de la carretera que nos conduce al casco urbano, encontramos el Palacio Oloste, un edificio de estructura aparentemente sencilla, pero con varios detalles constructivos que hacen de él un ejemplar único.

Es muy meritoria su escalinata de piedra, sostenida por columnas jónicas y, sobre todo, la curiosa secuencia de retratos en relieve que adorna la fachada. Los rostros representan sucesivamente a una dama, un juglar, una mujer mayor, un varón barbudo con un arcabuz al hombro y un caballero vestido con el característico sombrero cortesano que se utilizaba en tiempos de Felipe III (1598-1621). En ninguna otra mansión vizcaína puede encontrase una galería de retratos de sus dueños tan interesante como esta.

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